Con el paso de los años, la piel del rostro y el cuello pierde progresivamente firmeza, elasticidad e hidratación debido a la disminución natural del colágeno y la elastina.
Este proceso provoca la aparición de arrugas y líneas de expresión, especialmente a partir de los 30 años, que es cuando comienzan a hacerse visible los primeros signos del envejecimiento cutáneo.
Además del paso del tiempo, factores como la exposición solar, el estrés, la contaminación o los gestos repetitivos del rostro pueden acelerar este proceso.
Por ello, cuidar la piel y tratar las arrugas de forma preventiva y personalizada es fundamental para mantener un aspecto más fresco, descansado y natural.
¿Qué tratamiento contra las arrugas te conviene más?
No todas las arrugas son iguales, por lo que cada paciente necesita un enfoque diferente según el tipo de piel, la zona a tratar y el grado de envejecimiento.
Existen principalmente dos tipos de arrugas:
Arrugas dinámicas, aquellas que aparecen por el movimiento repetido de los músculos faciales al sonreír, fruncir el ceño o gesticular.
Arrugas gravitacionales, que se producen por la pérdida progresiva de firmeza y soporte en la piel, provocada por el paso del tiempo y el efecto de la gravedad. Estas arrugas suelen acompañarse de flacidez y pérdida de definición en el rostro.

Nuestros tratamientos permiten suavizar líneas de expresión, mejorar la calidad de la piel y recuperar un aspecto más firme, luminoso y rejuvenecido. Cada protocolo se adapta de forma individual, buscando siempre resultados armónicos y naturales, sin alterar la expresión del rostro.
El objetivo no es transformar el rostro, sino acompañar el proceso de envejecimiento de manera equilibrada, manteniendo la naturalidad y la personalidad de cada paciente.

Dra. Adriana Ovando